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domingo, 22 de enero de 2023

Alexis Henri Charles de Clérel II



 Hoy día hay muchas personas que se acomodan fácilmente con esta especie de compromiso entre el despotismo administrativo y la soberanía del pueblo, que piensan haber garantizado bastante la libertad de los individuos, cuando la abandonan al poder nacional. Pero esto no basta, la naturaleza del jefe no es la que importa, sino la obediencia.

No negaré, sin embargo, que una constitución semejante no sea infinitamente preferible a la que, después de haber concentrado todos los poderes, los depositara en manos de un hombre o de un cuerpo irresponsable. De todas las formas que el despotismo democrático puede tomar, indudablemente ésta sería la peor.

Cuando el soberano es electivo o está vigilado de cerca por una legislatura realmente electiva e independiente, la opresión que hace sufrir a los individuos es algunas veces más grande, pero siempre es menos degradante, porque cada ciudadano, después de que se le sujeta y reduce a la impotencia, puede todavía figurarse que al obedecer no se somete sino a sí mismo y que a cada una de sus voluntades sacrifica todas las demás.


 La Democracia en America (Alexis de Tocqueville).

 "Sarna con gusto no pica", pero sigue siendo sarna digo yo. 

 Que Fortuna nos propicie voluntad. 

viernes, 27 de mayo de 2022

Alexis Henri Charles de Clérel




 Los pueblos democráticos, que han introducido la libertad en la esfera política, al mismo tiempo que aumentaban el despotismo en la esfera administrativa, han sido conducidos a singularidades bien extrañas. Si se trata de dirigir los pequeños negocios en que sólo el buen sentido puede bastar, juzgan que los ciudadanos son incapaces de ello; si es preciso conducir el gobierno de todo el Estado, confían a estos ciudadanos inmensas prerrogativas, haciéndose alternativamente los juguetes del soberano y de sus señores; más que reyes y menos que hombres. Después de haber agotado todos los diferentes sistemas de elección, sin hallar uno que les convenga, se aturden y buscan todavía, como si el mal que tratan de remediar no dependiera de la constitución del país, más bien que de la del cuerpo electoral.


Es difícil, en efecto, concebir de qué manera hombres que han renunciado enteramente al hábito de dirigirse a sí mismos, pudieran dirigir bien a los que deben conducir, y no se creerá nunca que un gobierno liberal, enérgico y prudente, pueda salir de los sufragios de un pueblo de esclavos.


Una constitución republicana, por un lado, y por otro ultramonárquica, me ha parecido siempre un monstruo efímero. Los vicios de los gobernantes y la imbecilidad de los gobernados, no tardarían en producir su ruina. y el pueblo, cansado de sus representantes y de sí mismo. Crearía instituciones más libres o volvería pronto a doblar la cerviz ante un solo jefe .

La Democracia en América (Alexis Henri Charles de Clérel, vizconde de Tocqueville , alias, Alexis de Tocqueville.). Libro Segundo, cuarta parte, capitulo sexto.

 Nunca nuestras vidas intimas estuvieron tan legisladas en nombre de un supuesto bien común. 

Digo supuesto , no es lo que pienso, lo que pienso es que no existe ese bien común. Lo que les mueve más bien es su ansia de no bajarse del pedestal donde les colocan los compinchados partidos. 

 Pueblo libre de individuos cautivos, con ciudadanos, legislados. coartados, exprimidos y sancionados.   Es una contradicción, creo yo. 

 Como votas cada cuatro años ya eres libre, y democrático, y una mierda...


Que Fortuna nos propicie libertad.


lunes, 14 de febrero de 2022

Las pequeñas libertades



Bien veo que de este modo se conserva la intervención individual en los negocios más importantes; pero se anula en los pequeños y en los particulares. Se olvida que en los detalles es donde es más peligroso esclavizar a los hombres. Por mi parte, me inclinaría a creer que la libertad es menos necesaria en las grandes cosas que en las pequeñas, sin pensar que se puede asegurar la una sin poseer la otra.

La sujeción en los pequeños negocios se manifiesta todos los días y se hace sentir indistintamente en todos los ciudadanos.

No los desespera, pero los embaraza sin cesar y los conduce a renunciar al uso de su voluntad; extingue así poco a poco su espíritu y enerva su alma, mientras que la obediencia debida en pequeño número de circunstancias muy graves, pero muy raras, no deja ver la servidumbre sino de tiempo en tiempo, y no la hace pesar sino sobre ciertos hombres. En vano se encargaría a estos mismos ciudadanos tan dependientes del poder central, de elegir alguna vez a los representantes de este poder; un uso tan importante, pero tan corto de su libre albedrío. no impediría que ellos perdiesen poco a poco. la facultad de pensar, de sentir y de obrar por sí mismos, y que no descendiesen así gradualmente del nivel de la humanidad.

Los pueblos democráticos, que han introducido la libertad en la esfera política, al mismo tiempo que aumentaban el despotismo en la esfera administrativa, han sido conducidos a singularidades bien extrañas. Si se trata de dirigir los pequeños negocios en que sólo el buen sentido puede bastar, juzgan que los ciudadanos son incapaces de ello; si es preciso conducir el gobierno de todo el Estado, confían a estos ciudadanos inmensas prerrogativas, haciéndose alternativamente los juguetes del soberano y de sus señores; más que reyes y menos que hombres. 

La democracia en América, Capitulo VI 

Alexis Henri Charles de Clérel, vizconde de Tocqueville , alias, Alexis de Tocqueville.



 Si alguna vez ha pensado usted que esta sociedad es cada vez más cerrada y más prohibitiva. 

 Si alguna vez ha intuido que cada día tenemos menos libertades y más imposiciones, prohibiciones directas o indirectas, da igual, son prohibiciones. 

 Si usted sospecha que  unos y otros continuamente nos hablan de la democracia, de la libertad de los pueblos , de derechos y esas cosas tan chulisimas  mientras nos van cerrando para siempre campos de decisión individuales, usted coincide conmigo.

 Como si meter una papeleta en una caja de plástico nos hiciera libres.

 Como si eso que llaman voto y que solo es el insulto a elegir entre las listas cerradas que otros han formado para que estemos callados y nos sintamos representados  fuese libertad.

 Es la voluntad del pueblo dicen mientras oprimen a las personas.

 Mientras nos estrujan, nos saquean, nos timan; mientras nos pasean por sus ventanitas o sus inmorales paginas gueb, nos roban dineros, esfuerzo e ilusión. 

 Alguien se ha quejado de los bancos, y con toda razón, por anular las visitas periódicas a ventanilla a ancianos o no ancianos. Personas que pasan de la informática, que libremente han decidido que le den por saco a los bites.

 Decidir que no quieren aprender informática, que no les gusta, que les aburre o que no les sale de los huevos aprenderla, sin más, eso es un acto de libertad, no meter una papeleta marcada por los organizadores en una caja de plástico.

 Pero esos que dicen que son nuestros representantes lo hacen igual o peor, yo diría que mucho peor, y todos callados. 

 De hecho son ellos los que te obligan, te imponen, te coaccionan y te condicionan a tener una cuenta corriente. Si esto no es una dictadura, pues ustedes dirán que es. 

 Que Fortuna nos proporcione simplicidad, libertad y eficacia.

Soluciones Forestales Sostenibles

Estudiantes franceses reclamando más horas de Matemáticas.  " Una justicia que es indulgente con los delincuentes, pero implacable con ...