Bien veo que de este modo se conserva la intervención individual en los negocios más importantes; pero se anula en los pequeños y en los particulares. Se olvida que en los detalles es donde es más peligroso esclavizar a los hombres. Por mi parte, me inclinaría a creer que la libertad es menos necesaria en las grandes cosas que en las pequeñas, sin pensar que se puede asegurar la una sin poseer la otra.
La sujeción en los pequeños negocios se manifiesta todos los días y se hace sentir indistintamente en todos los ciudadanos.
No los desespera, pero los embaraza sin cesar y los conduce a renunciar al uso de su voluntad; extingue así poco a poco su espíritu y enerva su alma, mientras que la obediencia debida en pequeño número de circunstancias muy graves, pero muy raras, no deja ver la servidumbre sino de tiempo en tiempo, y no la hace pesar sino sobre ciertos hombres. En vano se encargaría a estos mismos ciudadanos tan dependientes del poder central, de elegir alguna vez a los representantes de este poder; un uso tan importante, pero tan corto de su libre albedrío. no impediría que ellos perdiesen poco a poco. la facultad de pensar, de sentir y de obrar por sí mismos, y que no descendiesen así gradualmente del nivel de la humanidad.
Los pueblos democráticos, que han introducido la libertad en la esfera política, al mismo tiempo que aumentaban el despotismo en la esfera administrativa, han sido conducidos a singularidades bien extrañas. Si se trata de dirigir los pequeños negocios en que sólo el buen sentido puede bastar, juzgan que los ciudadanos son incapaces de ello; si es preciso conducir el gobierno de todo el Estado, confían a estos ciudadanos inmensas prerrogativas, haciéndose alternativamente los juguetes del soberano y de sus señores; más que reyes y menos que hombres.
La democracia en América, Capitulo VI
Alexis Henri Charles de Clérel, vizconde de Tocqueville , alias, Alexis de Tocqueville.
Si alguna vez ha pensado usted que esta sociedad es cada vez más cerrada y más prohibitiva.
Si alguna vez ha intuido que cada día tenemos menos libertades y más imposiciones, prohibiciones directas o indirectas, da igual, son prohibiciones.
Si usted sospecha que unos y otros continuamente nos hablan de la democracia, de la libertad de los pueblos , de derechos y esas cosas tan chulisimas mientras nos van cerrando para siempre campos de decisión individuales, usted coincide conmigo.
Como si meter una papeleta en una caja de plástico nos hiciera libres.
Como si eso que llaman voto y que solo es el insulto a elegir entre las listas cerradas que otros han formado para que estemos callados y nos sintamos representados fuese libertad.
Es la voluntad del pueblo dicen mientras oprimen a las personas.
Mientras nos estrujan, nos saquean, nos timan; mientras nos pasean por sus ventanitas o sus inmorales paginas gueb, nos roban dineros, esfuerzo e ilusión.
Alguien se ha quejado de los bancos, y con toda razón, por anular las visitas periódicas a ventanilla a ancianos o no ancianos. Personas que pasan de la informática, que libremente han decidido que le den por saco a los bites.
Decidir que no quieren aprender informática, que no les gusta, que les aburre o que no les sale de los huevos aprenderla, sin más, eso es un acto de libertad, no meter una papeleta marcada por los organizadores en una caja de plástico.
Pero esos que dicen que son nuestros representantes lo hacen igual o peor, yo diría que mucho peor, y todos callados.
De hecho son ellos los que te obligan, te imponen, te coaccionan y te condicionan a tener una cuenta corriente. Si esto no es una dictadura, pues ustedes dirán que es.
Que Fortuna nos proporcione simplicidad, libertad y eficacia.